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¿Cómo soporta la Garnacha una ola de calor? La respuesta está en Monte Yerga.

Estos días estamos viviendo una nueva ola de calor y, como cada verano, mucha gente nos hace la misma pregunta: ¿cómo es posible que la vid aguante estas temperaturas?

La respuesta no es sencilla, porque intervienen muchos factores. El clima, el suelo, la edad de las cepas o el manejo del viñedo influyen en la forma en la que cada planta afronta el verano. Pero si hay una variedad que ha demostrado estar especialmente preparada para estas condiciones, esa es la Garnacha.

Y en Monte Yerga llevamos generaciones viéndolo.

Monte Yerga, un paisaje que enseña a resistir. 

Quien conoce nuestro monte sabe que aquí las condiciones nunca han sido fáciles. Los veranos son largos, secos y calurosos. La lluvia escasea y la vid tiene que aprender a vivir con muy poca agua. Precisamente por eso, nuestras cepas desarrollan raíces profundas que buscan la humedad donde no llega la vista.

También el suelo juega un papel importante. Los característicos suelos arcillo-ferrosos de Monte Yerga, de ese color rojizo tan reconocible, son capaces de almacenar parte del agua de las lluvias del invierno y la primavera para liberarla poco a poco cuando más falta hace. No solucionan la sequía, pero ayudan a que la planta pueda seguir desarrollando su ciclo de forma equilibrada.

Sin embargo, lo más interesante ocurre en la propia vid.

Dos variedades, dos formas de enfrentarse al calor. 

Aunque Garnacha y Tempranillo conviven en Rioja desde hace siglos, no responden igual cuando llegan temperaturas extremas.

El Tempranillo necesita mantener una mayor transpiración para refrigerar sus hojas. Es una estrategia muy eficaz mientras dispone de agua suficiente, ya que la evaporación del agua ayuda a reducir la temperatura de la hoja. Sin embargo, cuando el suelo empieza a secarse, ese consumo de agua hace que el estrés hídrico aparezca antes.

La Garnacha, en cambio, sigue una estrategia diferente.

Cuando el calor aprieta, comienza a cerrar parcialmente sus estomas, unos pequeños poros situados en las hojas por los que la planta intercambia gases y pierde agua mediante la transpiración. Al cerrarlos antes, consigue conservar mejor sus reservas hídricas y soportar con mayor facilidad los periodos de sequía.

Los técnicos llaman a este comportamiento respuesta isohídrica. Nosotros simplemente llevamos años viendo que, cuando el verano se pone difícil, la Garnacha sabe administrar mucho mejor el agua que otras variedades. El Tempranillo, por el contrario, presenta un comportamiento más próximo al de una variedad anisohídrica, manteniendo durante más tiempo la transpiración para refrigerar la planta.

No significa que una variedad sea mejor que la otra. Cada una ha desarrollado una estrategia distinta para adaptarse al entorno en el que crece.

En Monte Yerga, donde el calor y la falta de agua forman parte del paisaje cada verano, esa capacidad de adaptación explica por qué la Garnacha lleva siglos encontrando aquí uno de los lugares donde mejor expresa su carácter.

Cinco generaciones aprendiendo del viñedo. 

En Bodegas y Viñedos Ilurce llevamos cinco generaciones cultivando Garnacha en Monte Yerga y, año tras año, seguimos aprendiendo de ella.

Cada ola de calor nos recuerda que el viñedo siempre encuentra la forma de adaptarse. Quizá esa sea la mayor enseñanza que nos deja la Garnacha: la calidad no nace de las condiciones más fáciles, sino de la capacidad para convivir con un entorno exigente.

La adaptación de la Garnacha a Monte Yerga no solo define nuestra forma de entender el viñedo, sino que también está presente en algunos de nuestros vinos más representativos, como Ilurce Rosado, elegido en numerosas ocasiones como vino institucional de la DOCa Rioja.

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